El barco turístico que se hundió en Mogán (sur de Gran Canaria) el 14 de octubre de 2011 con 27 personas a bordo tras sufrir un incendio, se había alejado de la costa más de lo que le permitía su licencia y no contaba con parte del equipo de comunicaciones de emergencia legalmente exigido
El barco accidentado, el
"Liberty III", había salido ese día a avistar delfines con 27 personas a
bordo -25 turistas, un marinero y el patrón-, ninguna de las cuales
sufrió daño alguno en el incendio y posterior hundimiento, gracias a que
fueron socorridas a los 20 minutos de emitirse la alerta por otras dos
embarcaciones.
Sin embargo, el informe de la Comisión
Permanente de Investigación de Accidentes e Incidentes Marítimos (CIAIM)
pone de manifiesto algunas irregularidades en ese suceso.
La
primera de ellas está relacionada con la posición en la que se produjo
el accidente: a 4,6 millas de la costa del sur de Gran Canaria, cuando
el "Liberty III" estaba clasificado como una embarcación del grupo 1-H;
es decir, como un barco deportivo autorizado a realizar viajes
lucrativos con hasta 25 personas a bordo sin alejarse en ningún momento
más de 3 millas de la costa.
Según el informe de la CIAIM, el
"Liberty III" respetó el límite de pasaje que tenía asignado, pero se
alejó de la costa más de lo autorizado.
La Comisión hace
especial hincapié en cómo se comunicó el aviso de socorro una vez que se
detectó el fuego: el patrón intentó pedir auxilio con el equipo de
radio VHF, pero no pudo porque ya no había suministro eléctrico en la
embarcación, y luego lanzó una alerta con una radio portátil por el
canal 17.
Inicialmente, no pudo contactar con nadie, pero tras
insistir logró contactar con otra embarcación que estaba a menos de una
milla y que, a su vez, avisó a Salvamento Marítimo.
La CIAIM
llama la atención sobre el hecho "inexplicable" de que el patrón
utilizara el canal 17, un canal atenuado y de corto alcance precisamente
para no interferir sobre el que debería haber empleado: el 16, el
destinado a las emergencias y que es escuchado de manera permanente por
Salvamento Marítimo.
Y subraya el hecho de que el "Liberty
III" no tuviera un equipo de alimentación de emergencia que le asegurara
el funcionamiento de la radio en este tipo de situaciones.
A
este respecto, la Comisión explica que estaba obligado a tenerlo, si
bien constata que, cuando el 31 de marzo de 2011 pasó la inspección
reglamentaria en la Capitanía Marítima, se detectó que faltaba ese
equipo, pero se le emitió el Certificado de Seguridad Radioléctrica "sin
haber subsanado esa deficiencia".
La CIAIM detecta en este
accidente de Gran Canaria otra serie de inconsistencias en los
reglamentos que le llevan a recomendar una revisión de la normativa
aplicable a las embarcaciones de recreo destinadas a transportar
pasajeros en excursiones turísticas.
Este tipo de
embarcaciones, dice, están diseñadas y construidas en muchos casos como
barcos de recreo, no como barcos de pasajeros, "haciendo difícil en la
práctica que le puedan ser aplicables las medidas de seguridad
reglamentarias como buques de pasaje".
De hecho, el marinero
del "Liberty III" no contaba con el certificado exigido para buques de
pasaje porque para ese tipo de barco no era un requisito obligatorio.
Por ello, la Comisión recomienda que se establezca un régimen
específico de seguridad aplicable a las embarcaciones de recreo
utilizadas para excursiones turísticas, que obligue a contar con
sistemas de detección de incendios en espacios de máquinas, con sistemas
de corte de combustible, con sistemas contraincendios que permitan
atajar un fuego en la sala de máquinas sin abrir puertas o escotillas y
con fuentes de energía de emergencia de reserva.
También
aconseja que se exija a los tripulantes de este tipo de barcos contar
con el certificado básico de buques de pasaje y que sea obligatorio que,
antes de iniciar la excursión, informen al pasaje sobre la ubicación y
utilización de los chalecos salvavidas.
En el caso del
"Liberty III", se ha constatado que una vez declarado el fuego se
informó a los pasajeros sobre el lugar donde se encontraban los
chalecos, pero la mayoría no los utilizó.
También subraya el hecho de que "los pasajeros no recibieron ningún tipo de información de seguridad antes de la navegación".