Llama la atención como al mismo tiempo el Ayuntamiento, que tiene la última palabra para autorizar la actividad, denegó la posibilidad de instalación alguna en la zona por contravenir las normas urbanísticas cuando la superficie comercial se encuentra “más que agotada”. Además, el consistorio, que en la actualidad tiene la concesión de El Faro, no está dispuesto a permitir la referida actividad hasta que le devuelvan al menos la inversión que destinó a la rehabilitación del edificio que supera los 180.000 euros, antes de que lo disfrute un tercero. Mientras tanto, a pocos metros del punto conflictivo se construye un chill out que se convertirá en la terraza de referencia del entorno. Esta semana hemos intentado por enésima vez conocer algún dato sobre el concurso. Llevamos un año intentando recabar el mínimo detalle por el interés que rodea esta operación, si embargo, la Autoridad Portuaria elude referirse al concurso. Su presidente, Luis Ibarra, no contesta ni muestra intención alguna, su departamento jurídico dice que estudia el expediente y analiza los informes, y en medio el departamento de prensa (el de antes y el actual) que para colaborar como es su deber ser cierra en banda y roza el ridículo con sus excusas, en un asunto que empieza a oler. El Ayuntamiento ha confirmado por su parte que no se han producido encuentros para negociar una salida desde el último año, quizás no interese a una de las dos partes, o las dos por igual. Las expectativas de negocio en El Faro de Maspalomas son muy altas debido a su estratégica situación y como símbolo del sur de la isla. Por este motivo, los continuos encontronazos han impedido que entidad alguna pueda explotar su entorno.
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