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JUAN ANTONIO ALONSO VELARDE | Miércoles, 22 de febrero de 2012

Laponia

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Evidentemente, puestas fuera de contexto, pareciera que el señor Feito nos está mandando bien lejos

Voy a hacer de abogado del diablo, sí, una vez más, pero tengo que salir en defensa, al menos en parte de su discurso, del presidente de la Comisión de Economía y Política Financiera de la CEOE, José Luis Feito, al que le ha caído la del pulpo por decir que los parados deben aceptar cualquier oferta de trabajo, incluso si ésta radica en Laponia y al que no lo haga, que le quiten la prestación que percibe.

Evidentemente, puestas fuera de contexto, pareciera que el señor Feito nos está mandando bien lejos, que vayamos a colonizar el reino de Papa Noel o que nos congelemos de frío (a la par que nuestros salarios), pero la realidad es que no vino a decir este directivo de la CEOE que nos marchásemos a Laponia, sino que simplemente puso un ejemplo y se refería a lo que pasa en un determinado país escandinavo, Finlandia, donde no se concibe que un parado prefiera chupar de la prestación antes que moverse por el prolijo mercado laboral.

El señor Feito dijo sobre el caso escandinavo que son países que tienen un estado de bienestar vigoroso, admirado por todos, pero son mucho más exigentes en lo concerniente a la prestación de este tipo de rentas, de transferencias, cuando el individuo se ve en situaciones difíciles. En esos países no se trata solo de una ley, sino que hay una cultura sustentada en una seria de incentivos. La administración es muy poco tolerante respecto a esos casos en que el individuo tiene ofertas de trabajo, no las acepta y pretende seguir percibiendo la prestación. En esos países las condiciones son mucho más restrictivas. Son muy exigente en ese sentido, independientemente de que toque ir a trabajar en Laponia.

Es decir, el señor Feito no estaba proponiendo ni mucho menos que nos vayamos a Laponia, pero sí que aceptemos trabajos que nos salgan, aunque sea fuera de nuestra ciudad, siempre de acorde a una serie de condiciones. Está claro que si uno cobra 800 euros de prestación, no sería lógico que aceptase un empleo por 600 euros, pero es que en España hemos estado acostumbrados a esa especie de picaresca por la cual se renunciaban a ocupaciones una y dos veces para poder seguir en casa y esperando cómodamente a que el día 10 te abonasen la prestación. Otra cosa, también hay que decirlo, es que el INEM se ha convertido en una especie de organismo 'INEMficiente', incapaz de manejarse con tanto parado y fruto de ello es la aparición, como setas, de agencias privadas de colocación.
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1 Comentario
Jenni Hymoff Koeppel
Fecha: Miércoles, 22 de febrero de 2012 a las 14:04
Mientras estoy totalmente de acuerdo con que no se debe permitir "chupar del bote", la realidad es que muchas ofertas de trabajo cuestan más dinero al trabajador que lo que en realidad va a ganar, lo que da pie a rechazar la oferta. Por ejemplo, una persona que reside en Mogán, va a gastar tanto dinero y tiempo en su transporte para acudir a un puesto en Gáldar, que es normal que rehuse el puesto. Su calidad de vida sería nula, y eso cuenta. ¿Que algunas personas lo aceptan? Vale, están en su derecho. Pero ¿van en transporte público? En los años 80 y 90 para que un canario fuese a trabajar a una de las islas menores, había que ponerle vivienda para su familia - es normal que se plantee la parte económica de una oferta de trabajo. Sobre todo cuando el salario a cobrar está muy por debajo de los 2000 euros, que es el caso de la mayor parte de los trabajadores. A nivel ejecutivo, reubicarse por 3 cantidades superiores a tres mil euros mensuales, tiene todo el sentido del mundo. A nivel obrero, con salarios de 900, mil o 1200 euros, no. Debemos ser coherentes con lo que pedimos y lo que damos a cambio.
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