La diputada de CC-NC pide la Adminsitración central inicie los cambios normativos precisos para ilegalizar cualquier tipo de pago o prestación desde los medios de comunicación a los condenados y sus familiares o allegados
Oramas pide que la Adminsitración central inicie los cambios normativos
precisos, bien por modificación de la Ley de Televisión Privada y la Ley
de la Radio y la Televisión de Titularidad Estatal, o por su desarrollo
reglamentario, para ilegalizar cualquier tipo de pago o prestación
desde los medios de comunicación concesionarios del servicio público de
radiotelevisión a las personas que, tras ser condenadas por la justicia,
tengan pendientes las restituciones, indemnizaciones o multas
económicas que les fueron impuestas. Una prohibición que alcanzaría
también a los familiares o allegados de los afectados, precisa en un
comunicado.
En la misma iniciativa, plantea también que se “estudie la posibilidad”
de que la prohibición de remuneraciones se extienda a las personas
imputadas o condenadas por cometer delitos sin penalización económica
pendiente, que “podrían ejercer su derecho a la libre expresión en los
medios, pero sin recibir remuneración de ningún tipo por declaraciones
referidas a los delitos probados o presuntos con los que se les ha
relacionado”, indica.
Asimismo, denuncia que “la controversia que siempre han generado los
pagos realizados por las cadenas de televisión a delincuentes convictos o
a sus familiares se ha multiplicado en las últimas fechas con la
aparición de nuevos personajes”. Algo que, según advierte, ha
contribuido subrayar “la perversión de valores que supone que, por
ejemplo, un crimen genere beneficios a su autor o a sus familiares por
ir a una televisión a hablar de ello”.
La diputada nacionalista enumera en la iniciativa algunos de los casos
que más polémica han suscitado en los medios de comunicación y afirma
que “todos ellos supusieron la reiteración de unas prácticas que,
paradójicamente, premian con sustanciosos emolumentos a delincuentes
condenados por contar directamente en televisión sus particulares
versiones sobre los delitos que cometieron”. Sin embargo, no consta que
“hayan restituido a las arcas públicas las cantidades robadas o las
multas e indemnizaciones impuestas”, apostilla.
Para Oramas se da la circunstancia de que los medios televisivos que
prestan el servicio público en base a concesiones públicas realizadas
por el Estado “vienen a premiar a la postre a delincuentes con
cantidades que ningún profesional de la televisión percibe por aparecer
en pantalla una o varias horas”.
Añade que desde el ejercicio del servicio público de televisión en
régimen de concesión administrativa “se está financiando de esa forma a
personas que, lejos de restituir las cantidades defraudas a la
administración pública, mantienen ocultos los recursos obtenidos con sus
delitos”. Algo que califica de “contrasentido, ante el que los poderes
públicos no pueden permanecer impasibles”; con independencia de que
corresponda a las organizaciones profesionales de la comunicación y el
periodismo la autorregulación debida para que se restablezcan las buenas
prácticas deontológicas, declara.
Oramas reitera que la iniciativa se basa en que “los delincuentes no
puedan percibir beneficios económicos por sus apariciones, no ya sólo en
los medios audiovisuales beneficiarios de una concesión administrativa
de las administraciones públicas, sino en cualquier otro tipo de medio
de comunicación impreso o digital”.
Concluye diciendo que “la extensión continuada de pagos a personas
condenadas o relacionadas con condenados o imputados por ocupar tiempos
de pantalla y ganar determinadas audiencias se ha convertido además, en
muchos casos, no ya sólo en un circo, donde no se respeta ninguna regla
informativa, sino en un trampolín para la comisión de otros delitos de
calumnias o injurias”.