Los precintos municipales son un verdadero cachondeo. Quizás estemos ante uno de los ayuntamientos que más pie de recurso ofrece a los infractores y por eso, existen casos que se eternizan y enredan hasta niveles inalcanzables por la razón. En el Vital Suites cada día nos sonrojamos algo más, por ejemplo, con la relación sanguínea y consanguínea entre las partes, y si no que indaguen en el departamento y la defensa para que encuentren jefes más nerviosos de la cuenta estos días y primos hermanos a la espera de su paso por el juzgado a mediados de mes. En el Anexo II, más de lo mismo. Una herencia que no se ha corregido. Seguro que recuerdan aquella terraza pública que en su día explicábamos como un particular la arrendó a un tercero. Nada nuevo si empezamos a enumerar los bienes públicos que son subarrendados. En este lugar en concreto, lo peces siguen comiendo callos tan a gusto ajenos a las resoluciones municipales. Los turistas contemplan la escena como una atracción más a la española, porque seguimos siendo el país de la pandereta y olé. Todo un ejemplo de autoridad competente.
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